Aceptando las circunstancias

Un día llegó a casa y me dijo que necesitaba hablar conmigo. En ese momento, me preparé para cualquier cosa, tomé aire varias veces y recordé mi preciosa vida humana y el amor al mundo. En otras ocasiones me había servido para poder afrontar todos los acontecimientos que se daban, así que por la cara de él deduje que necesitaba todo mi arsenal para hacer frente a la noticia.

Se tomó su tiempo, o me concedió el mío, y ya en la cama me dijo que el día anterior había estado con otra chica. Meses compartiendo, conviviendo, amándonos y venía con esa gran sorpresa. Quise gritar, salir corriendo, echarle. Decidí tomar aire y conectar con mi ser. Y me vinieron a mi cabeza todos los aprendizajes sobre las causas del sufrimiento, así como la impermanencia y la causa y efecto.

En las causas del sufrimiento vi cómo de mi dependía cómo reaccionaba ante esa situación, si iba a reaccionar a las emociones que surgían en mí, o por el contrario iba a dejarlas pasar como las nubes en una tarde de verano. ¿Quería verme envuelta en el drama y la tragedia que en anteriores ocasiones había sufrido o iba a tomar la determinación de no perder la calma mental? Decidí lo segundo, decidí no sufrir, observar la tristeza y aprender de ella, observar qué me dolía tanto y cómo podía transformarlo para mi beneficio y el del resto de seres.

Y tras esta determinación, tomé mano de los antídotos: la impermanencia y el no apego.

Con la impermanencia observé que los objetos; el amor, la amistad, las personas, las ideas… vamos y venimos, somos cambiantes, no permanecemos. No podemos culpar a nadie de estos cambios, forman parte de la vida, y en otros momentos nos ayudan también a liberar cargas emocionales como la culpa o el aferramiento. Observé como nuestra relación era impermanente, nuestros sentimientos eran impermanentes, incluso nosotros éramos impermanentes.

Y el no apego, ¡bendito no apego! Gracias a él había conseguido mantener una relación en la que deseaba que la otra persona fuese libre y feliz, que fuese amor y luz. Gracias a esta visión pude verle siempre como un ser que quiere ser feliz y no sufrir, podía estar de acuerdo o no con la forma de hacerlo, con sus acciones, pero la respetaba y animaba a buscar su camino. Esta visión me ayudó a continuar mi camino sin ese sentimiento de pérdida y desolación.

Tras un acontecimiento así, te vienen a la mente preguntas como porqué lo ha hecho, te cuestionas su amor… y gracias a la causa y efecto descubres que todo ocurre por algo, que debía de ser así, quizás debía trabajar más el apego, la paciencia y la humildad, quizás debía experimentar el dolor del fin de algo para sentir lo que otros seres experimentan. Fuera el motivo por el que fuese, el hecho ocurrió y es debido a unas causas que conllevan unos efectos, y lo acepté y agradecí.

Y en este proceso, pinté la pared de la habitación en la que duermo,          sintiendo el presente, agradeciendo y siendo amor, recordando que la vida sigue y que hay que esforzarse para ser beneficio.

Y en este camino continúo, aceptando, con paz, amor y armonía.

 

Ojalá todos los seres seamos felices.

Ojalá cese el sufrimiento y sus causas.

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