Observar cada pequeña cosa como un regalo divino

Hace casi dos años nació mi sobrina, una preciosa vida a la tierra, y con ella la investigación, el observar y un regalo enorme; poder volver a ver la vida con los ojos de un niñx.

Me he dado cuenta, a lo largo de estos meses, que cualquier cosa que ocurre es motivo de celebración y alegría; un nuevo peluche, aparece tu madre por la puerta, consigues andar por ti misma, suena la canción que más te gusta, te caes lloras, pero enseguida viene alguien a recogerte y te alegras por ello, te hacen cosquillas, te limpian el culete… y me pregunto, ¿en qué momento hemos dejado de ver la vida como algo precioso y divino? ¿por qué hemos dejado de celebrar cada instante?

Desde que vi a mi sobrina alegrarse porque tenía el culete limpio tomé la determinación de alegrarme porque mi cuerpo eliminaba lo que no le servía y que me dejaba limpia de suciedades, y a agradecérselo y a no darlo por hecho.

En nuestro día a día tomamos todo por sentado, no nos damos cuenta de que las personas que nos acompañan no tendrían por qué estar ahí, quizás no son lo que deseáramos, pero son lo que tenemos y hemos de agradecerlo y tomarlo como una gran riqueza, así como nuestras ropas, comidas, casas…

 Observar cada cosa y su valor, no colocarlo en si es valioso para nosotrxs, sino en el valor que tiene por si mismo, por ser.

Ojalá todos los seres seamos felices.

Ojalá cese el sufrimiento y sus causas.

 

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