El regalo de lo cotidiano

En ocasiones lo cotidiano ocupa mi mente: cómo tengo la nevera, tengo que hacer una lavadora, tengo que comprarme ropa porque me voy de viaje… Aún simplificando mi vida al máximo, lo cotidiano siempre está ahí.

Todos estos pensamientos forman parte de mi día a día, y me doy cuenta de que si los postergo en lugar de darles respuesta, pueden ocupar un tiempo precioso que podría dedicar a meditar, permanecer o a hacer un salto mortal.

Si estoy pensando que debería llamar al fontanero para arreglar las humedades del vecino de abajo, debo coger el teléfono y llamar, no dejarlo para otro momento, porque el siguiente momento igual tampoco es el ideal y sigue ocupando espacio en la mente.

Además, si lleno de contenido mis acciones, éstas se convierten en verdaderas oportunidades para acercarme mas a mi ser. Antes, me sentía saturada por todas las actividades cotidianas que tenía que llevar a cabo, consideraba que eran una perdida de tiempo. Ahora las observo como un verdadero regalo que me concede la vida.

Hacer listas de la compra pensando en lo afortunada que soy por tener alimentos saludables todos los días de mi vida, desear que todxs tengamos la misma suerte, hablar amablemente al dependiente…

Muchas gracias y perdón,

Ojalá todos los seres seamos felices,

Ojalá cese el sufrimiento y sus causas.

 

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