Ver más allá

Ayer hablaba con una amiga de como, en ocasiones, hay que ser capaces de traspasar nuestro propio dolor, nuestros miedos, fobias, carencias, sentimientos de inferioridad, nuestros modos de crear basándonos en la magnificación, las ideas limitantes, el concepto de la justicia… entre otras ideas irracionales,  para poder estar en armonía con unx mismx y con el otrx.

La historia de la que hablábamos era sobre dos personas que se querían mucho pero que, a su vez, se estaban haciendo un terrible daño; cada paso que daban dañaba más al otrx, que lo tomaba como algo personal y le culpaba de hacerlo aposta para hacerle más daño y que no fuera feliz. Del mismo modo la otra persona no sabía cómo actuar porque se sentía coaccionada y manipulada, y solo conseguía aumentar su baja percepción de sí misma por lo que se dañaba y dañaba a ese ser al que tanto amaba.

La situación era dolorosa para ambos y para las personas que les rodeaban, puesto que se habían visto envueltos en la desesperanza, la desconfianza y la paranoia.

En alguna que otra ocasión me he visto envuelta en el lodo, o esa era mi percepción, y he aprendido tres cosas a practicar:

  • Oxigenar mi mente con varias respiraciones, bien sea la persona implicada, o simplemente actores o actrices secundarios, porque queramos o no, estamos ahí interviniendo. Respiramos para reavivar una energía que nos manda al presente, a ese instante, y en ese microsegundo, donde no hay nada, ni rabia, ni dolor, ni ira… nada, solo estar.
  • Una vez conseguida esta toma de distancia, para separarnos un poco de nuestro personaje al que estamos tan aferradxs, actuamos desde ahí, hablamos y pensamos desde ahí. Si sentimos que no podemos, volvemos a concedernos un tiempo antes de seguir dañándonos y dañar, nos retiramos hasta que seamos capaces de generar puentes y no badenes.
  • Aunque volviendo al instante bastaría, a veces debemos ayudarnos de otras herramientas o diálogo mental para convencer al ego de que la otra persona es igual que tú, un ser deseando ser feliz y no sufrir. Y para ello metemos en la memoria que nada de lo que hace nadie es personal, que cada unx vive sus historias como buenamente puede, que nada es permanente y que la resistencia se hace fuerte, es decir, que hay que dejar ir los estados, emociones y pensamientos caducos.

Con todo ello, nos plantamos ante la persona que nos ha hecho daño y le decimos, te amo, lo siento, perdóname, gracias.

Simples seres intentando ser simplemente felices.

Muchas gracias y perdón,

Ojalá todos los seres seamos felices,

Ojalá cese el sufrimiento y sus causas,

Pueda yo hacerlo!

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